El rendimiento del Tesoro a 10 años ha alcanzado su punto más alto desde noviembre de 2023, impulsado por el aumento de la inflación mayorista y los precios del petróleo que superan los $100. Este incremento en los rendimientos, que se mueven inversamente a los precios de los bonos, ha generado preocupaciones en el mercado.
Analistas como Luis Alvarado de Wells Fargo destacan que los problemas subyacentes que causan estos aumentos de tasas siguen sin resolverse, sugiriendo que las tasas pueden continuar aumentando debido al fuerte crecimiento económico y la inflación persistente vinculada a las tensiones geopolíticas.
JoAnne Bianco de BondBloxx señala que el rendimiento a 10 años podría superar la marca del 5%, un umbral psicológico que podría atraer compradores. Se aconseja a los inversores centrarse en bonos de menor duración, como los bonos corporativos con calificación BBB y los bonos de alto rendimiento, que son menos sensibles a las fluctuaciones de tasas.
Alvarado recomienda nuevas inversiones en letras del Tesoro, que vencen en un año, mientras que también sugiere que no se deben vender los bonos del Tesoro de mayor duración en este momento. Los bonos municipales se destacan como una fuente de ingresos eficiente en términos fiscales, con Dan Close de Nuveen señalando que los emisores con calificación AA están ofreciendo rendimientos atractivos.
Además, las acciones que pagan dividendos, que suelen ser menos atractivas cuando los rendimientos del Tesoro aumentan, pueden presentar oportunidades únicas debido a sus valoraciones moderadas y al crecimiento histórico de dividendos que puede superar la inflación.
En general, aunque los rendimientos crecientes plantean riesgos, también crean oportunidades de inversión potenciales en varias clases de activos.