FIFA busca recaudar $4.2 mil millones al vender una participación minoritaria en FIFA Forward Enterprises, que gestionaría el lado comercial de la Copa del Mundo, valorando la subsidiaria en aproximadamente $20 mil millones. Sin embargo, este plan ha enfrentado una fuerte oposición de UEFA y Concacaf, que representan colectivamente a 96 de las 211 asociaciones miembros de FIFA.
UEFA ha amenazado con boicotear las competiciones de FIFA si la propuesta avanza, enfatizando que la Copa del Mundo no debe ser tratada como un producto de inversión. FIFA ha defendido su propuesta, afirmando que continuará con una votación entre sus asociaciones miembros a pesar de la reacción negativa.
La organización también ha enfrentado disidencia interna, con Carlos Cordeiro renunciando en protesta, calificando el acuerdo de perjudicial para las asociaciones miembros de FIFA y el futuro del fútbol.
La controversia subraya la creciente inquietud respecto al papel del capital privado en los deportes, ya que los interesados expresan preocupaciones de que las motivaciones financieras podrían comprometer la integridad del juego.
Si bien el capital privado ha mostrado interés en los deportes debido a sus flujos de efectivo estables, la reacción negativa contra el plan de FIFA indica que hay límites a la influencia que estos inversores pueden ejercer en el mundo del fútbol.