El 25 de junio de 2026, el presidente Donald Trump anunció que EE. UU. está preparado para desplegar recursos para ayudar a Venezuela después de que dos poderosos terremotos, de 7.2 y 7.5 grados, golpearan cerca de la costa norte, causando destrucción generalizada en Caracas y provocando un estado de emergencia. Trump enfatizó el compromiso de EE.
UU. de ayudar, afirmando que todas las agencias gubernamentales han sido instruidas para actuar rápidamente. El Departamento de Estado ya ha movilizado un equipo de asistencia en desastres para coordinar la ayuda crítica, incluyendo operaciones de búsqueda y rescate y suministros médicos. El Servicio Geológico de EE.
UU. ha emitido proyecciones alarmantes, estimando un 41% de probabilidad de que las fatalidades superen los 10,000 y un 17% de probabilidad de que alcancen los 100,000, mientras que también pronostica una posible reducción del 7% en el PIB de Venezuela debido al desastre.
La presidenta interina Delcy Rodríguez informó de 32 fatalidades y 700 heridos en su discurso tras los terremotos, que son de los más fuertes que han golpeado a Venezuela en un siglo. Esta rápida respuesta de EE. UU. indica un posible deshielo diplomático entre la administración Trump y el gobierno interino de Venezuela, especialmente a la luz de que EE.
UU. controla las exportaciones de petróleo de Venezuela desde una intervención militar a principios de este año. El valor de las exportaciones de petróleo controladas por EE. UU. hacia Venezuela ha aumentado drásticamente, reflejando la compleja y evolutiva relación entre los dos países.