India está firmando cada vez más pactos de movilidad laboral con países de Europa, Nueva Zelanda y Oriente Medio como respuesta a su alta tasa de desempleo y la necesidad de que los trabajadores calificados encuentren oportunidades en el extranjero.
Con las remesas representando aproximadamente el 3% del PIB de India, el gobierno considera que estos acuerdos son esenciales para gestionar las aspiraciones de su joven fuerza laboral.
Sin embargo, este enfoque enfrenta desafíos, particularmente en Nueva Zelanda, donde el acuerdo de libre comercio del Primer Ministro con India ha encontrado oposición de miembros de la coalición preocupados por los niveles de inmigración. En EE.
UU., el endurecimiento de las regulaciones de visas para trabajadores indios añade urgencia a los esfuerzos de India por asegurar acuerdos de movilidad laboral con otras naciones.
Esto contrasta marcadamente con la reciente tendencia de China de atraer a trabajadores calificados de regreso a casa, destacando los desafíos únicos de India para fomentar la creación de empleo interno y el avance tecnológico.
La administración Modi parece aceptar esta 'fuga de cerebros' como una estrategia necesaria en lugar de una preocupación, mientras busca mejorar las perspectivas económicas de sus ciudadanos en el extranjero mientras navega por un complejo panorama global de políticas de inmigración.