En junio, los precios del petróleo crudo en EE. UU. cayeron aproximadamente un 25%, lo que se anticipa que conducirá a una disminución del 0.2% en el índice de precios al consumidor (IPC), llevando la tasa de inflación anual al 3.8%. Esta caída es significativa ya que sigue a un período de inflación creciente, que había alcanzado su nivel más alto en más de tres años.
El gobernador de la Reserva Federal, Christopher Waller, indicó que aunque la caída en los precios del petróleo podría ayudar a reducir la inflación general, sigue enfocado en la inflación subyacente, que se proyecta que aumente un 0.2%, manteniendo una tasa anual del 2.8%.
Esto sugiere presiones inflacionarias persistentes en otros sectores, particularmente influenciadas por el actual auge de la inteligencia artificial.
El próximo informe del IPC, programado para su publicación el martes, es parte de una semana crítica para los datos económicos, que incluye las audiencias en el Congreso del presidente de la Fed, Kevin Warsh, y otros informes sobre precios mayoristas y ventas minoristas.
Las expectativas del mercado se inclinan hacia un posible aumento de tasas tan pronto como en septiembre, reflejando el enfoque cauteloso de la Fed para gestionar la inflación sin endurecer demasiado rápido. En general, aunque la caída en los precios del petróleo puede ofrecer algo de alivio, el panorama inflacionario más amplio sigue siendo complejo e incierto.