Mate Rimac, quien asumió el control de Bugatti en 2021, describe el mercado de supercoches como si estuviera entrando en su 'fase de reloj suizo', donde los consumidores más ricos se están alejando de los vehículos eléctricos de alta tecnología en favor de coches clásicos y mecánicamente intrincados.
Señala que el mercado automotriz convencional está siendo inundado con vehículos eléctricos asequibles, particularmente de China, mientras que el segmento de lujo se inclina hacia motores de combustión interna tradicionales que evocan conexiones emocionales.
Los comentarios de Rimac trazan un paralelo entre las industrias automotriz y de relojería, donde los relojes mecánicos de alta gama siguen siendo deseables a pesar de la prevalencia de alternativas digitales.
El último modelo de Bugatti, el híbrido Tourbillon, cuenta con un motor V16 de 8.3 litros que produce 1,800 caballos de fuerza y tiene un precio de aproximadamente 4.5 millones de dólares, con clientes que a menudo gastan entre 600,000 y 700,000 dólares adicionales en personalizaciones.
Esta tendencia hacia la personalización se está convirtiendo en un importante motor de ganancias para los fabricantes de supercoches. Rimac también mencionó que la producción de Bugatti se mantendrá limitada a números bajos de tres dígitos para mantener la exclusividad, y la compañía reportó ganancias de 200 millones de euros (aproximadamente 233 millones de dólares) el año pasado.
Tras la venta del 45% de su participación en Bugatti Rimac por parte de Porsche AG, Rimac indicó que la valoración de la compañía supera los 2 mil millones de dólares. Su objetivo es crear los coches más emocionantes y rentables, al tiempo que enfatiza la importancia de la artesanía humana en una era dominada por la tecnología.