La reciente intervención conjunta de EE. UU. y Japón para apoyar el yen es notable, ya que es la primera operación de este tipo desde 1998. El yen había caído recientemente a su nivel más bajo frente al dólar en casi cuatro décadas, lo que generó preocupaciones sobre la posible necesidad de Japón de vender grandes cantidades de bonos del Tesoro de EE.
UU. para financiar intervenciones unilaterales. Los analistas sugieren que la participación de EE. UU. fue impulsada por el deseo de prevenir la desestabilización en los mercados de bonos del Tesoro de EE. UU., ya que Japón es el mayor tenedor extranjero de deuda gubernamental estadounidense.
Louise Loo de Oxford Economics destacó que la intervención busca evitar la venta forzada de bonos del Tesoro, lo que podría afectar al dólar. El uso de la instalación de recompra FIMA de la Reserva Federal para futuras intervenciones indica una estrategia para mantener la liquidez del dólar sin vender bonos del Tesoro. La acción coordinada también refleja un cambio en las relaciones entre EE.
UU. y Japón bajo el liderazgo actual, con implicaciones para la estabilidad económica global y las dinámicas comerciales. Sin embargo, algunos analistas advierten que, sin abordar los problemas estructurales que impulsan la debilidad del yen, la efectividad de esta intervención puede ser limitada.
Se plantearon preocupaciones sobre la mecánica de la intervención, particularmente la venta de euros por parte de EE. UU. en lugar de dólares para comprar yenes, lo que podría confundir a los mercados y socavar el impacto de la intervención.
En general, aunque la intervención puede proporcionar un alivio a corto plazo, las soluciones a largo plazo requerirán cambios en la política monetaria de Japón y en las dinámicas del mercado de bonos.