Justo antes de la implementación de aranceles del 50% sobre aproximadamente $20 mil millones en importaciones canadienses, el presidente Trump reveló un acuerdo tentativo para retrasar estos impuestos durante tres días. Esta decisión surge en medio de preocupaciones de las empresas sobre los efectos negativos de los aranceles propuestos en productos como el vino y los palos de hockey.
Los aranceles fueron inicialmente introducidos en respuesta a la percepción de discriminación comercial por parte de Canadá contra las industrias estadounidenses. El anuncio de Trump insinuó posibles concesiones por parte de Canadá, incluyendo un posible renacimiento del proyecto del oleoducto Keystone XL, que había sido cancelado en 2021.
El primer ministro canadiense Mark Carney reconoció que, aunque se había logrado un progreso sustancial, se necesita más trabajo para finalizar el acuerdo. Trump afirmó que Canadá reduciría sus aranceles de represalia sobre los productos estadounidenses y sugirió que EE. UU. también haría algunas concesiones, particularmente en lo que respecta a los aranceles sobre autos canadienses.
El representante comercial de EE. UU., Jamieson Greer, expresó confianza en que el acuerdo mejoraría el acceso al mercado para los productos estadounidenses y fortalecería la economía norteamericana.
Sin embargo, el acuerdo sigue siendo contingente a la finalización de documentos, dejando cierta incertidumbre sobre sus implicaciones a largo plazo para las relaciones comerciales entre los dos países.