El conflicto iniciado por EE. UU. e Israel contra Irán ha evolucionado hacia un estancamiento prolongado, con analistas geopolíticos indicando que una resolución no es inminente. La administración de EE. UU., liderada por el presidente Trump, ha cambiado su estrategia de compromiso militar a sanciones económicas, denominadas 'Día D económico'.
Este enfoque busca presionar a Irán y a sus socios comerciales, particularmente a China, pero los expertos expresan escepticismo sobre su efectividad. Los precios del petróleo han mostrado volatilidad, con los futuros del crudo Brent aumentando casi un 20% desde que comenzó el conflicto, aunque siguen siendo significativamente más bajos que su pico de abril de $126.41 por barril.
A pesar del impacto de la guerra, los mercados de acciones han permanecido en gran medida estables, impulsados por el optimismo sobre las ganancias corporativas. Analistas como Gregory Brew de Eurasia Group y Will Todman de CSIS destacan que EE. UU. se ha retirado de escalar acciones militares debido a preocupaciones sobre la retaliación iraní y el agotamiento de municiones.
Señalan que el liderazgo de Irán parece resiliente y reacio a ceder, incluso en medio de severos desafíos económicos. La administración Trump no ha definido claramente qué implicaría la victoria, complicando la evaluación del éxito del conflicto.
Los expertos advierten que sin una estrategia clara, la situación puede continuar indefinidamente, con riesgos potenciales para la estabilidad regional y el suministro global de petróleo.