El cortejo fúnebre para el Ayatolá Ali Khamenei, quien lideró Irán durante cuatro décadas, se llevará a cabo del 4 al 9 de julio, cubriendo sitios religiosos clave en Irán e Irak. Se espera que este evento atraiga a decenas de millones de dolientes, con estimaciones de hasta 20 millones asistiendo a la ceremonia principal en Teherán.
El cortejo no solo es una muestra de luto, sino también un movimiento estratégico del régimen iraní para proyectar legitimidad a nivel nacional y disuasión a nivel internacional, como han señalado analistas como Sanam Vakil y Alex Vatanka.
Las medidas de seguridad serán sin precedentes, supervisadas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, para gestionar las grandes multitudes y prevenir cualquier posible disturbio. Se anticipa que el nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, haga una aparición pública, lo que podría señalar su autoridad en medio de los desafíos económicos y el descontento social en Irán.
La magnitud del evento ha requerido una extensa planificación logística, incluyendo el uso de escuelas y mezquitas para alojamiento y control del tráfico en las principales ciudades.
La participación de dignatarios extranjeros, incluidos funcionarios de más de 30 países, añade importancia al evento, destacando las relaciones geopolíticas de Irán y el potencial de un mayor escrutinio por parte de la comunidad internacional.