El reciente cambio en la política de defensa de EE. UU., particularmente la omisión de la disuasión extendida en la Estrategia Nacional de Defensa de 2026 del presidente Trump, ha llevado a muchas naciones aliadas a reevaluar su dependencia de la protección nuclear estadounidense.
Analistas, incluido Ankit Panda del Carnegie Endowment for International Peace, señalan que este cambio ha fomentado una sensación de desconexión por parte de EE. UU., lo que ha llevado a países como Francia, Japón y aquellos en Europa del Este a explorar sus propias opciones nucleares.
Francia ha anunciado un aumento en su número de ojivas y ha extendido su sombrilla nuclear a otras naciones europeas, mientras que el liderazgo de Japón muestra signos de reconsiderar su postura no nuclear de larga data.
Esta tendencia genera preocupaciones sobre una posible cascada de proliferación, donde las naciones se sienten obligadas a desarrollar sus propios arsenales nucleares en respuesta a amenazas percibidas, lo que aumenta las tensiones globales.
La modernización continua de los arsenales nucleares por parte de los nueve estados con armas nucleares complica aún más la situación, como lo destaca Hans Kristensen del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, quien advierte que estos desarrollos podrían revertir décadas de esfuerzos de desarme.
El Tratado de No Proliferación Nuclear, que históricamente ha ayudado a frenar la propagación de armas nucleares, también está bajo presión, con el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, señalando su erosión.
Las implicaciones de estos cambios son significativas, ya que podrían llevar a un aumento de los riesgos de errores de cálculo y escaladas no intencionadas en conflictos regionales, haciendo del mundo un lugar más peligroso.