Las recientes acciones de Pekín para gravar los activos offshore de sus ciudadanos pueden marcar el comienzo de una estrategia más amplia destinada a aumentar los ingresos de las familias adineradas.
Los analistas, incluido Yingke Zhou de Barclays, sugieren que esto podría llevar a un mayor escrutinio de diversas formas de ingresos offshore, incluidos los ingresos por exportaciones e inversiones en el extranjero. Actualmente, China no impone impuestos sobre bienes raíces, herencias o regalos, lo que contrasta marcadamente con las prácticas en EE. UU. y Europa.
Los analistas de Bank of America también predicen que los hogares más ricos podrían enfrentar pronto impuestos sobre los ingresos por intereses offshore y las ganancias de propiedades. La urgencia de estas medidas se subraya por la necesidad de nuevas fuentes de ingresos mientras los gobiernos locales enfrentan desafíos fiscales y la caída de las ventas de terrenos.
Las reformas fiscales recientes incluyen un impuesto sobre la renta del 20% en fideicomisos offshore y impuestos sobre salarios en el extranjero e ingresos de pólizas de seguros. Estos desarrollos indican un cambio hacia un modelo de tributación más integral, similar al de EE.
UU., que podría llevar a una mayor retención de capital dentro de China y a un mercado de capitales doméstico más profundo. La relación entre impuestos y PIB del gobierno sigue siendo baja en comparación con los estándares internacionales, lo que motiva aún más estas reformas.
En general, estos cambios envían un mensaje a los individuos más ricos de China de que mantener activos en el extranjero puede volverse cada vez más difícil, ya que Pekín busca fortalecer su posición fiscal y apoyar sectores estratégicos.