Las negociaciones comerciales entre EE. UU. y Canadá se rompieron el viernes, lo que llevó a la implementación de aranceles del 50% sobre una amplia gama de productos canadienses, incluidos vino, muebles y productos lácteos. Esta decisión afecta aproximadamente $20 mil millones en exportaciones y marca una escalada significativa en las tensiones comerciales.
El Ministro de Comercio canadiense, Dominic LeBlanc, había indicado que un acuerdo estaba cerca, pero ambas partes finalmente se culparon mutuamente por la falta de un acuerdo final. El Primer Ministro canadiense, Mark Carney, criticó los cambios de última hora propuestos por EE. UU. como injustos y declaró que Canadá respondería a los aranceles con medidas equivalentes.
El Representante de Comercio de EE. UU., Jamieson Greer, confirmó que Canadá se negó a finalizar el acuerdo bajo los términos previamente acordados. Los aranceles se imponen bajo la Sección 338 de la Ley de Aranceles de 1930, una disposición raramente utilizada que permite al presidente imponer aranceles significativos en respuesta a la discriminación comercial.
Este desarrollo no solo complica las relaciones entre EE. UU. y Canadá, sino que también añade presión a las discusiones comerciales trilaterales en curso que involucran a México, ya que las negociaciones del USMCA ya han enfrentado desafíos debido a preocupaciones sobre los déficits comerciales de EE. UU.