Después de cuatro años y medio de conflicto, la economía de Rusia se ha desarrollado en un sistema de dos niveles, donde aquellos empleados en la producción militar prosperan, mientras que otros enfrentan desafíos económicos. Los recientes ataques con drones de Ucrania a instalaciones petroleras rusas han destacado las vulnerabilidades en la economía de guerra de Rusia.
A pesar de un crecimiento del PIB reportado del 1.3% interanual en el segundo trimestre de 2026, analistas como Alex Kolyandr del Eurasia Group advierten que este crecimiento oculta problemas más profundos, incluida la dependencia del gasto militar y el aumento de la inflación.
Charles Lichfield del Atlantic Council señala que se espera que el déficit presupuestario de Rusia se duplique para 2025, agravado por la disminución de los ingresos energéticos. El impacto de las sanciones occidentales y los continuos ataques con drones a la infraestructura petrolera complican aún más el panorama económico.
El comportamiento del consumidor está cambiando, con los rusos optando por opciones de alimentos más baratas, lo que indica una presión económica.
Expertos, incluida Elina Ribakova del Peterson Institute, creen que a menos que los precios del petróleo caigan significativamente, los factores económicos por sí solos son poco probables que obliguen a Rusia a poner fin a la guerra, ya que Putin sigue comprometido con sus objetivos militares.