Keiko Fujimori ha sido oficialmente declarada ganadora de la carrera presidencial de Perú, asegurando el 50.135% de los votos frente al izquierdista Roberto Sánchez, quien obtuvo el 49.865%. Esta elección, caracterizada por un margen extremadamente estrecho de aproximadamente 50,000 votos de un total de 18 millones emitidos, subraya las profundas divisiones políticas en Perú.
La victoria de Fujimori es vista como una continuación del giro hacia la derecha en la política latinoamericana, con un notable apoyo de líderes conservadores en toda la región.
Los mercados reaccionaron positivamente a su victoria, ya que Moody's indicó que su administración podría mantener la continuidad de las políticas y mejorar la confianza de los inversores, particularmente en el sector minero, que es vital para la economía de Perú como el tercer productor de cobre del mundo.
Fujimori, hija del ex presidente Alberto Fujimori, enfrenta el desafío de unificar un Congreso fragmentado y abordar las disparidades económicas entre las áreas urbanas y rurales. Su administración también necesitará navegar el legado del controvertido gobierno de su padre y la inestabilidad política que ha afectado a Perú en los últimos años.