Durante conversaciones recientes en Teherán, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, expresó desconfianza hacia EE. UU., afirmando que no es una parte honesta en las negociaciones destinadas a resolver el conflicto en curso. Esto ocurre mientras un esfuerzo de mediación regional liderado por Pakistán busca cerrar las brechas entre Irán y EE. UU.
El estrecho de Ormuz, una ruta de envío crucial, permanece cerrado para la mayoría del tráfico debido al conflicto, que ya ha impactado los mercados energéticos globales. Qalibaf enfatizó que Irán continuará afirmando sus derechos tanto militar como diplomáticamente, advirtiendo sobre severas consecuencias si EE. UU. reanuda las hostilidades. El secretario de Estado de EE.
UU., Marco Rubio, reconoció algunos avances en las negociaciones, pero señaló que aún existen diferencias significativas. Mientras tanto, Irán ha mantenido su reserva de uranio enriquecido cercano al grado de armas y sus capacidades militares, que son motivo de preocupación para EE. UU. e Israel.
Esta situación subraya la fragilidad del alto el fuego y el potencial de un conflicto renovado, que podría tener implicaciones de gran alcance para los precios de la energía y la estabilidad geopolítica.