La administración del Primer Ministro Narendra Modi enfrenta un creciente escrutinio, ya que la economía de India, que alguna vez se consideró una historia de crecimiento robusto, ahora está experimentando un notable declive en la inversión extranjera.
Los expertos destacan que los inversores de cartera extranjeros han retirado $29.5 mil millones de acciones indias este año, tras una salida de $18.9 mil millones el año pasado.
Si bien la inversión extranjera directa (IED) bruta ha aumentado a más de $90 mil millones, la IED neta ha alcanzado un mínimo casi histórico debido a un mayor repatriación de capital por parte de empresas extranjeras y un aumento en las inversiones en el extranjero por parte de empresas indias.
Esta situación ha contribuido a un debilitamiento de la rupia india, exacerbada por el aumento de los precios del petróleo a nivel global, lo que plantea presiones inflacionarias ya que India importa más del 85% de su petróleo crudo.
El Banco de la Reserva de India ha ajustado su pronóstico de inflación al 5.1% para el año fiscal que termina en marzo de 2027 y ha reducido el pronóstico de crecimiento al 6.6%.
En respuesta, el gobierno indio ha introducido medidas como la exención del impuesto sobre las ganancias de capital para inversores extranjeros en el mercado de bonos, pero los expertos argumentan que se necesitan reformas más sustanciales para restaurar la confianza de los inversores.
La crítica a la gestión económica del gobierno de Modi está creciendo, con llamados a reformas para abordar problemas como la adquisición de tierras y las regulaciones laborales. Además, están surgiendo preocupaciones sobre la posición de India en el panorama global de la inteligencia artificial, con advertencias de que el país corre el riesgo de quedarse atrás en este sector crítico.
En general, la combinación de estos factores está llevando a un entorno desafiante para la economía de India y su atractivo para los inversores globales.