El jueves, el Banco de Inglaterra (BoE) optó por mantener las tasas de interés del Reino Unido estables en 3.75%, un movimiento anticipado por economistas encuestados por Reuters. Esta decisión fue respaldada por siete miembros del comité de política monetaria, mientras que el economista jefe Huw Pill y la miembro externa Megan Greene votaron a favor de un aumento de 25 puntos básicos a 4%.
El contexto de esta decisión incluye el aumento de los costos de energía vinculados a la guerra en Irán, que han contribuido a las presiones inflacionarias a nivel global.
Aunque se informó que la tasa de inflación del Reino Unido fue del 2.8% en mayo, inferior a lo esperado, impulsada por los costos de combustible de transporte, el BoE advirtió que esta disminución podría ser temporal debido a un inminente aumento del 13% en el límite de precios de energía regulados.
El banco expresó preocupaciones de que los precios elevados de la energía podrían tener implicaciones económicas más amplias, afirmando que su capacidad para influir en los precios de la energía global es limitada.
A pesar de la actual pausa en las tasas, las expectativas del mercado sugieren un posible aumento de tasas para finales de año, ya que los operadores están valorando una probabilidad del 96% de este resultado.
Esta decisión se produce en el contexto de otros bancos centrales, incluido la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, que también están navegando desafíos inflacionarios similares, siendo este último quien recientemente aumentó su tasa de interés clave en respuesta a la crisis energética. La situación sigue siendo fluida, particularmente con las negociaciones de paz entre EE.
UU. e Irán, que podrían impactar los precios del petróleo y, en consecuencia, la inflación en el Reino Unido.