Durante la cumbre de la OTAN en Ankara, el presidente de EE. UU., Donald Trump, acaparó titulares al amenazar con cortar los lazos comerciales con España y reavivar las tensiones con Dinamarca sobre Groenlandia.
A pesar de esto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, elogió a Trump por su papel en el aumento del gasto en defensa entre las naciones de la OTAN, refiriéndose a los 1.2 billones de dólares adicionales gastados como el 'billón de Trump'. La estrategia de adulación de Rutte hacia Trump ha generado reacciones mixtas; mientras mantiene una relación positiva con el presidente de EE.
UU., analistas como Marion Messmer de Chatham House argumentan que este enfoque puede no generar beneficios para la OTAN en su conjunto y podría señalar debilidad a Rusia. Otros líderes de la OTAN, incluida la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, adoptaron una postura más firme, afirmando su disposición a defender sus territorios.
El presidente de Letonia, Edgars Rinkēvičs, defendió el enfoque de Rutte, enfatizando la importancia de mantener la relación transatlántica. La cumbre subrayó las tensiones en curso dentro de la OTAN respecto a los compromisos de defensa y la influencia del liderazgo de EE. UU. en las dinámicas de seguridad europea.