El jueves, las acciones de SpaceX y Tesla cayeron aproximadamente un 9% y un 11%, respectivamente, contribuyendo a una asombrosa pérdida de más de $420 mil millones en capitalización de mercado desde el martes.
Esta caída coincidió con una venta masiva en el sector tecnológico y refleja la ansiedad de los inversores respecto a un aumento en la supervisión regulatoria tras las elecciones intermedias, donde los demócratas obtuvieron el control de la Cámara y el Senado.
A pesar del considerable apoyo financiero de Musk, que supera los $470 millones para candidatos del GOP, muchos de los cuales perdieron sus elecciones, analistas de Deutsche Bank señalaron que SpaceX podría enfrentar vientos en contra debido a la anticipación de regulaciones más estrictas, particularmente en lo que respecta a las aprobaciones de centros de datos en Texas.
La nueva gobernadora electa, Gina Hinojosa, ha solicitado una moratoria en las nuevas aprobaciones de centros de datos hasta que se establezcan protecciones más sólidas. Este entorno regulatorio podría retrasar los ambiciosos proyectos de SpaceX, incluyendo un nuevo centro de datos y una fábrica de semiconductores en el condado de Grimes, Texas.
Además, la riqueza de Musk ha visto una caída significativa, bajando de $1 billón a menos de $800 mil millones, aunque sigue siendo la persona más rica del mundo. La posibilidad de un escrutinio regulatorio también podría obstaculizar los planes de Musk para fusionar SpaceX y Tesla, lo que requeriría la aprobación de los accionistas.
En general, los recientes desarrollos políticos y sus implicaciones para las políticas regulatorias representan un riesgo significativo para el futuro crecimiento y las capacidades operativas de ambas empresas.