El sábado, Francia fue testigo de su tercer fin de semana consecutivo de protestas, con alrededor de 320,000 participantes manifestándose contra el aumento de los costos de vida y los problemas educativos, según estimaciones gubernamentales.
Las protestas, en su mayoría pacíficas, se caracterizaron por una atmósfera festiva con disfraces de Halloween, pero también se registraron episodios de violencia, particularmente en París, donde los enfrentamientos con la policía resultaron en el uso de gas lacrimógeno y arrestos.
El gobierno francés desplegó aproximadamente 70,000 oficiales de policía en anticipación de un posible desorden, reflejando las tensiones aumentadas tras las protestas de semanas anteriores que vieron a más de 550,000 participantes y disturbios significativos.
Los manifestantes expresaron diversas quejas, incluyendo malas condiciones de vida y desigualdades educativas, con muchos pidiendo más inversión en servicios sociales. Protestas similares ocurrieron en Alemania, Portugal y los Países Bajos, indicando una tendencia más amplia de activismo juvenil en toda Europa.
En Alemania, por ejemplo, las protestas se centraron en demandas de mejor educación y acción climática, mientras que en Portugal, los manifestantes se movilizaron contra la crisis de vivienda. Las protestas en curso pueden señalar un creciente desafío para los gobiernos europeos mientras navegan por presiones económicas y descontento público.